6. Namor

 Hablar de discriminación y desigualdad resulta problemático. Pero resulta doblemente difícil hablar de estos temas en países como México. Y es que, por alguna extraña razón, traer esta discusión a la mesa pareciera estar completamente prohibido.


Si a estos dos temas le añadimos el racismo siempre habrá quien lo quiera esconder o evitar llamándolo elitismo, clasismo o algún otro ismo que al final de cuentas también va de la mano con prácticas discriminatorias. 


No creo que haya una sola persona que al ver televisión, publicidad en medios digitales o impresos no haya notado que la mayor parte de los puestos importantes o de los personajes principales o más notorios son ocupados por personas con piel clara. Lo cual no implica que quienes ocupan esas posiciones no sean capaces o no tengan méritos para ocuparlas.


Cuando alguien trae esta conversación a la mesa, generalmente se le denomina resentido, traumado o cualquier otro adjetivo que pudiera enmascarar o desviar la atención del tema principal de la poca representación.


La representatividad es importante. Las cuotas de género, raciales y más también lo son. Sí, definitivamente tienen que discutirse bastantes cosas al respecto, sin embargo, son necesarias, en el sentido de que si no se ven obligados los que asignan esos puestos, quizá nunca brinden una oportunidad a aspirantes que han hecho el esfuerzo de estar ahí. 


Es cierto, la inclusión es todo un tema, las cuotas también lo son y si le damos el calificativo de inclusión forzada, en automático se vuelve algo repulsivo para ciertos sectores de la población, que sin ser parte de los colectivos hegemónicos, sienten que su estado de bienestar se ve amenazado. Incluso si ese estado de bienestar es sólo una ilusión de la cual no son ni serán partícipes.


No todo es ganar espacios, también la forma en la que los diferentes grupos que son parte de la pluralidad de las sociedad humanas son representadas en los diversos medios, es bastante relevante. No basta con el hecho de dar espacios a toda la diversidad, sino que la calidad de los mismos también debe ser tomada en cuenta.


La identificación con personas que se ven, visten, se mueven y hablan como tú, es algo que todos experimentamos. Nunca será igual que se relacione tu perfil con estereotipos negativos basados en conductas antisociales que el que encuentres tu representación en personajes que sean deseables de imitar. Ambas situaciones generan impacto, pero diametralmente opuesto. 


Es un hecho que no debemos pasar toda la vida llorando o tirándonos al suelo porque no se nos concedan los espacios y que cuando se concedan no sean de calidad. Tampoco el quedarnos estancados en los sentimientos de desigualdad y discriminación que quizá hayamos experimentado. Definitivamente, tampoco podemos hacernos los ciegos y sordos, negando que todo eso existe en nuestra sociedad. 


Hay que gritar, reclamar, pero a la vez esforzarse y luchar por conquistar todos esos espacios que históricamente se nos han negado. Y una vez conquistados, hacer lo posible para que los que vienen detrás, tengan cada vez el suelo más parejo.


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