4. Tiempo

Entre más envejecemos se nos vuelve un tanto problemático hablar del tiempo. Cuando eres niño no hay noción alguna sobre este concepto o al menos resulta irrelevante. Sin embargo, cuando van pasando los años comienza a ser cada vez más clara su significación y es cuando comienza a complicarse nuestra relación con él.


Es algo que no existe, al menos no físicamente, pero que le damos tanta importancia que incluso podemos percibir cómo se va comiendo todo lo que amamos; incluidos nosotros mismos. Lo quisiéramos detener, pero no podemos hacerlo. Su paso es cruel, inclemente e inmisericorde. 


¿Cómo nos podemos deshacer de este concepto? ¿Bastará con deshacernos de todos los relojes del mundo, esconder todos los espejos, destruir todos los sistemas de medición que tenemos y/o con cirugías plásticas, cremas antiedad, mascarillas y terapia física? 


No es suficiente. Nada de eso basta. Incluso si nos negamos a definirlo, el mismo se haría notar con sus efectos.


Aunque hay quienes destinan parte de sus abundantes recursos económicos para borrar las huellas que les deja en sus cuerpos, principalmente en sus rostros. Todos estos intentos son en vano, puedes mentirles a tus ojos y a los ajenos, pero no podrás dar marcha atrás a lo que ya viviste, ese camino avanzado ya no tiene vuelta atrás. 


Somos seres finitos. Habitamos la inmensidad de la realidad, pero estamos limitados. Nuestros cuerpos envejecen e inevitablemente se deterioran. El entender que nuestro ser físico no es eterno y en comparativa con toda la historia universal, somos suspiros de nada. 


Cuando nos enfrentamos al paso del tiempo, es inevitable caer en el pesimismo o en su defecto, en un positivismo ingenuo. 


En el lado pesimista, nos lleva a hundirnos en las continuas y cíclicas crisis de la edad. Crisis de los 20, 30, 40; etcétera. Decisiones impulsivas y múltiples episodios depresivos, las acompañan. 


El positivismo ingenuo te lleva a negarte a aceptar la edad que ya tienes, crees estar en tu mejor momento y bueno, al final también te lleva a esas temibles crisis de la edad. 


Comprender nuestra finitud debería ser algo normal. ¿Aunque qué derecho tenemos de llamar a algo normal? El paso del tiempo y la consabida fecha de caducidad con la que venimos marcados al nacer, no nos deberían provocar crisis, es algo que viene con la vida y es señal inequívoca de que hemos estado aquí en la Tierra. Sin embargo, las provoca. 


Somos seres atados al ciclo de la vida. El tiempo tiene efecto en nosotros. La preocupación no debería ser detenerlo o darle marcha atrás, sino aprovecharlo. Disfrutarlo, sufrirlo, en fin, vivirlo.  

Comments

Popular posts from this blog

5. Crítica

6. Namor